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ENTRE LINEAS

Políticamente incorrecto ... o correcto

Debates

Debates

No sé lo que les debe ocurrir a los medios de comunicación conmigo que siempre me “bautizan” con el nombre de otro. Por poco me la vuelven a hacer. Una vez más, el lunes por la tarde, casi me hurtan mi    minuto de gloria (en este caso casi tres cuartos de hora de debate) pero esta vez no se salieron con la suya y dejé claro desde el principio, quién era el “artista”. Estaba invitado a intervenir en un debate en directo en la cadena 25TV , concretamente en el programa que dirige Albert Castillón . El que le pasó los papeles del guión lo hizo con mi nombre equivocado y, claro, ya que uno va gratis a estos eventos y lo único que puede sacar es publicidad para su causa (es decir, su negocio ), empecé la intervención corrigiendo mi nombre y apellidos. Ciertamente debo agradecer a Albert Castillón el que aprendiese y citase cuatro veces mi nombre a lo largo de todo el debate, con muy buena dicción por cierto. En agradecimiento, desde estas líneas le haré publicidad a su libro y me comprometo a intentar leerlo.

 

 

 

 

¿El tema del debate? Lo de menos y, además, eso es materia de la novela que estoy intentando escribir y confío que, en justa reciprocidad, algún día me agradezca pública, notoria y vocalizando convenientemente mi nombre. Antes y para evitar equivocaciones, le enviaré una tarjeta. Espero que tenga buena memoria.

La buena fe.

La buena fe.

La cuestión es la siguiente. Un juzgado de 1ª instancia de Barcelona ha obligado a la actual junta de gobierno del fútbol club Barcelona presidida por el abogado, Joan Laporta i Estruch, a convocar elecciones a la ídem con carácter inmediato. Por lo que parece, el ínclito Laporta y sus miembros de junta, apoyados en un informe jurídico de un conocido despacho barcelonés- supongo que porque los conocimientos jurídicos, dicho de una manera gramaticalmente generosa, del letrado Laporta son limitados- interpretaron que debían permanecer en la poltrona presidencial un año más de lo que, con meridiana y absoluta claridad, establecen los estatutos de la Entidad. El error de la Junta de Gobierno, puesto de manifiesto en primera instancia por el Tribunal Català de l’Esport, es monumental y solo puede obedecer al estado de prepotencia en el que algunos gobernantes tanto de instituciones privadas y públicas, parecen encontrarse. Lejos de disculparse ante su masa social y la afición barcelonista, “la mes important del món”, por la omisión cometida, el Sr. Laporta y sus adláteres, ha echado mano del argumentario tradicional como la consabida “teoría de la conspiración del enemigo exterior que intenta desestabilizar al Club” o sea, Real Madrid y a la acostumbrada letanía de “nosotros siempre hemos actuado de buena fe y por el bien del Barça”.

La cosa no acababa con la sentencia del juzgado de 1ª instancia y la convocatoria de nuevas elecciones. Se trataba de resolver si, tras una posterior denuncia de un socio barcelonista en el Tribunal Català de l’Esport para discernir si convendría o no inhabilitar para el cargo de presidente del F.C. Barcelona al abogado Sr. Laporta i Estruch y, de paso, a toda su junta directiva en base a la lapidaria sentencia. Pues bien, el Tribunal Català de l’Esport recogiendo el discurso de los mandarifes barcelonistas, considera que estos actuaron de “buena fe” (¡¡solo faltaría que, para colmo, hubiesen actuado con villanía. Entonces hubiese sido para encarcelarlos!!) no admite a trámite la denuncia del socio que pretendia la inhabilitación del presidente y sus muchach@s. En consecuencia podrán volverse a presentar a unas elecciones que ellos mismos han convocado, curiosamente para el tres de setiembre cuando todos aún estamos volviendo de vacaciones, y siendo la única candidatura. Con lo cual el Sr. Laporta y sus muchachos y muchachas de la junta directiva se quedarán sin sanción alguna, seguirán agarrados al sillón presumiendo de demócratas y se llenarán la boca con grandilocuentes frases que hablarán de libertad, acabando, como no, con un “¡¡ Visca el Barça!!” y “¡!Visca Catalunya ¡!”. Espero que, por esta vez, el Sr. Eto’ó no conmine al Real Madrid a saludarles de aquella manera tan “simpática y elegante” que acostumbra. Y aquí no ha pasado nada y tod@s tan content@s. A sonreír tocan. Mi “buena fe” e ingenuidad quieren pensar que, cuando la junta de gobierno del “Aiguamolls, club de fútbol” que acaba de nacer para la historia ahora mismo, metan la pata porque se han pasado por el “arco del triunfo” los principios democráticos de su sociedad deportiva, les apliquen el mismo principio de la “buena fe” que al Sr. Laporta i Estruch.

Y que se los aplique también Hacienda a tod@s cuando, de “buena fe”, nos equivocamos al confeccionar los impuestos… y no nos sancione por ello.

Y a l@s que pierden puntos en el carné de conducir porque, de “buena fe”, superan el límite de velocidad o aparcan en un paso de peatones… y no les pongan multas.

Y a l@s que inician guerras contra países que albergan armas de destrucción masiva para, de "buena fe", salvaguardar de ellos al mundo.

Y a todos aquellos y aquellas que invaden nuestras vidas para, con el estandarte de la "buena fe", intentar llevarnos por el camino "correcto". Su camino.

La importancia del acento

La importancia del acento

El idioma español (en el que incluyo, además del castellano, el catalán, euskera, valenciano, balear, gallego, bable, andaluz, aranés, guanche y otros –que nadie se me ofenda si he omitido alguno de los que se hablan en el solar patrio ya que, de existir omisión, ha sido totalmente involuntaria) está en franca degradación y es por culpa de los acentos. Bueno, ese es uno de los factores determinantes porque, en realidad, “corrientes” lingüísticas como las de “opávamosahaseruncorrá”, “quépasaneng”, “kaismo” y, otros innovadores del lingüísmo, como l@s perezos@s “abreviadores del habla” (“findes” y similares) tampoco ayudan demasiado. La verdad es que el acento, la tilde, el sombrerito “chulo” de la letra, tiene una gran parte de culpa en la perversión del lenguaje. Recuerdo que, no hace muchos años, o sea en mi adolescencia, Milán y Rumanía se llamaban así. Con el acento en la “á” y en la “í”. Unos lustros después, no sé si debido a la transformación del mapa europeo o a la influencia de los papanatas que abrazan siempre la última moda de lo que sea, la ciudad italiana y el país en cuestión se transformaron en “Milan” y “Rumania” debido al corrimiento de la tilde hacia lugares invisibles de la palabra. Paralelamente a ello, la moda llegó a los nombres propios. El tradicional José, se convirtió en “Jose” y, últimamente, Miguel, ha evolucionado hacia “Míguel”.

 

Esa caprichosa utilización del acento puede dar lugar, y de hecho ya ha ocurrido, a confusiones bastante desagradables. Hace algún tiempo un moderno empresario, seguramente escaso de tiempo, insertó el siguiente anuncio en las ofertas de trabajo de un conocido diario: “Se busca secretaria con ingles”. Si uno lee con la misma prisa con que fue escrito el anuncio, está leyendo una de las tantas ofertas de empresas que buscan secretarias que dominen el idioma y no le da la mayor importancia. Pero, claro, si alguien lee el anuncio en su exacto contexto, la cosa cambia. Y cuando cambia, da lugar a múltiples interpretaciones y, en este caso, las dió y de qué manera. La sección de cartas al director se llenó de comentarios sobre el anuncio de marras. Desde el graciosillo que decía que “el requisito de tener ‘ingles’ lo cumplía todo bicho viviente ya que no se conocía ser humano que empalmase directamente fémur con cadera”, hasta los grupos feministas que escribían indignadas “porque un empresario se había atrevido a poner un anuncio en el que solicitaba explícitamente una secretaria ‘para todo tipo de trabajo’ ya que, se preguntaban, ¿por qué es requisito indispensable tener ingles sino es para utilizarlas convenientemente?”. La polémica duró unos cuantos días y no sé si, finalmente, apareció el tipógrafo del diario disculpándose porque suyo había sido el error al omitir el acento, o si las feministas llevaron hasta los tribunales al empresario o, si, por el contrario, el hecho movió a una reflexión sobre la importancia de poner en su sitio los acentos no vaya a ser que algún día, los acentos nos pongan a nosotr@s en nuestro sitio.

El paquetito

El paquetito

Había un extraño paquetito en aquella estantería situada en uno de los pasillos del Ministerio del Interior. Por ese lugar deambulaban cientos de funcionarios al día sin que ninguno de ellos le diese la mayor importancia. Total era un bulto que no desentonaba con el resto que se encontraba en aquella repisa. Además, se sabía que, no era un paquete sospechoso de contener algún artefacto explosivo o que representase peligro para la vida o integridad (física) de los que en aquél lugar se encontraban. Por tanto, cuando un Jefe de Departamento de la anterior administración “populista” lo acomodó en aquél lugar, a nadie le pareció extraño, nadie preguntó por él. Quizás lo que si pensaba más de uno que, instintivamente, se fijaba en la estantería era en lo llena que estaba y el que, si aquello seguía así, no tardaría en ceder. Pero nadie hacía ni decía nada y aquel soporte lo cierto es que rebosaba de documentación y el peso de los papeles había incluso deformado la estructura del anaquel.


Mediado el año 2004, cuando entró la nueva administración socialista, el paquetito seguía encima de la estantería ejerciendo el mismo peso y la misma atención por todo el que pasaba por allí... Hasta que un día sucedió lo que tenía que suceder. La estantería cedió y los papeles cayeron al suelo. Afortunadamente este hecho acaeció en un fin de semana cuando en el Ministerio ya no hay presencia física de nadie... Este episodio no hubiese tenido la menor importancia sino hubiese sido por la presencia del “extraño” paquetito. Allí, en el suelo, estaban diseminados los documentos que habían conformado el paquetito de marras... Fue entonces, el lunes por la mañana cuando el ordenanza de aquella sección del Ministerio se dispuso a recogerlos y volverlos a apilar para luego colocarlos en alguna nueva estantería, cuando se percató que aquellos documentos contenían algo especial... Sudoroso, a pesar de que era pleno mes de enero y en Madrid, el diligente funcionario corrió a su superior inmediato a comunicarle aquello tan importante que pensaba había descubierto. El jefe de ordenanzas examinó la documentación que minutos antes se hallaba desparramada por el suelo de la primera planta y, en su cara, apareció un “rictus” que estaba entre la sorpresa y el “ayvadios”. Ciertamente aquella documentación era importante y había que obrar con rapidez... Raudamente el jefe de ordenanzas fue a dar cuenta al superior del Departamento. Hete aquí que éste, según explicó la secretaria, “se encontraba reunido y no se le podía molestar” pero “que no se preocupase que en cuanto le pudiese atender se lo haría saber”, no obstante “y dada la importancia del tema (ya que así se lo había hecho saber el jefe de los ordenanzas) déjeme Ud la documentación y así adelantamos tiempo”. Ya más tranquilo por el alud de explicaciones de la secretaria, el jefe de ordenanzas volvió a sus tareas habituales despreocupándose del tema... Pero las casualidades, como todos los males, nunca vienen solas... Justo después de que la secretaria hubiese guardado aquella documentación en un cajón de su mesa para más adelante dársela a su jefe, suena el teléfono. Vaya. Malas noticias. Su compañero, su novio de toda la vida, le comunica vía telefónica, su “desistimiento” en la relación sentimental que mantenía con ella. Llorando como lo hacen (al menos eso dicen) las madalenas, la secretaria corre al lavabo a tratar de aliviar, si no su pena porque es muy reciente y de difícil consuelo, si al menos el corrimiento del “rimel”. ¡ Que mala suerte !.



En esa tesitura nos encontramos, cuando el Jefe sale de su reunión, apurado porque ya es muy tarde y le está esperando para comer el responsable de zona del partido. No ve a la secretaria. Ignora que está desconsolada en el lavabo... Sin tiempo para dejarle siquiera una nota, marcha del Ministerio sin ver al protagonista de nuestra crónica: el paquetito que yace, como un muerto, en el cajón de la mesa de Piluca. Pobre Piluca, del disgusto que se llevó pasó seis meses de profunda depresión que le impidieron trabajar.



En el Ministerio, falto de fondos, no pudieron cubrir interinamente su puesto... Quizás, de haberlo hecho, de haber venido otra persona a sustituir a Piluca, nuestro paquete hubiese llegado a su destinatario... ¡ Pero lo que son las cosas ! Otra casualidad hizo reanudar la larga marcha del paquetito. Y fue esta. Necesitado que estaba de papel para tomar unas notas el jefe de Departamento, éste, cuando se cumplían poco más de tres meses de la baja depresiva de Piluca, hurgó en el escritorio de aquella y dió con el paquetito. Extrañado de encontrar eso en el cajón de su secretaria, miró de qué se trataba. ¡Pobre hombre! A medida que iba descubriendo el contenido de los documentos, su tez se tornaba más y más pálida. ¡¿Qué digo pálida?! ...¡blanco mármol tenía aquella piel! Ya sin perder tiempo cogió él mismo los documentos y fue a ver a su Subdirector General. Después de varios días de los consabidos “está reunido” “habla por teléfono y no le puede atender” (sabréis que todas esas excusas lo son porque, a partir de jefe de Departamento, no se desayuna en la Administración) “salió con el Director general a una visita muy importante”, el celoso Jefe pudo hacer entrega de aquella documentación a su superior inmediato.


- ¡¡Caray Serrano!! ¡¡ ¿ Cómo no me has dado estos expedientes antes?!!, le dijo el Subdirector General con tono indisimuladamente enfadado, ¡¡¡ Venga vámonos tú y yo inmediatamente a ver al Director General y a explicarle la “película” !!!. Por cierto -continuó el Subdirector- ¿Dónde has encontrado “esto”?.



- Pues no sé - contestó un atribulado Serrano- Estaba en el cajón de Piluca, mi secretaria, y no se cómo llegó allí.



Ya en el despacho del Director General, mejor dicho, en la antesala de su despacho, montaron guardia Serrano y su Subdirector -junto con el “paquetito”- a pesar de que la Jefe de gabinete de Dirección les había dicho que, el Director General, se encontraba “en una reunión muy importante y que no sabía cuando finalizaría, pero que presumía larga”. No obstante la espera, insistencia y aspecto de las pieles de un Jefe de departamento y de un Subdirector general, hizo sospechar a la responsable del gabinete que algo “gordo” se cocía. Así que, muy discretamente, llamó por teléfono a no se sabe quién y.... ¡casualidades de la vida!....por allí apareció el Director general que saludó a Serrano y a Eduardo, el subdirector general (no se si sabéis que, a partir de subdirector general, el trato suele ser por el nombre de pila) y los hizo pasar sin más preámbulos a su despacho... Allí sentados los unos frente al otro, observaron cómo en un acto reflejo, Javier, el Director General, se llevaba su mano derecha al brazo izquierdo, el del corazón, a medida que iba avanzando en la lectura de los documentos (expedientes) del “paquetito”. Sin decir nada, con gesto severo, descolgó el teléfono y le dijo a su Jefe de Gabinete: “Ponme con Carlos inmediatamente”. Carlos era el Secretario de Estado.


Y me tengo que quedar aquí, en el despacho de Javier, porque el resto de la historia no la conozco (a nivel de Secretario de Estado las conversaciones son privadísimas). Todo lo que sé es que se sospecha que otras instancias examinaron “el paquetito” y que hubo un gran revuelo en las altas esferas...

Un día, Jacinto, nuestro ordenanza del principio de esta historia, encontró, en una estantería de un pasillo del Ministerio de Hacienda, ¿sabéis qué? “el paquetito”.

Todo lo que os acabo de contar es fruto de mi corta imaginación y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… ¿o no?, porque me pregunto ¿ alguien nos ha explicado que fue lo sucedido y a quién a que atribuirles las culpas de que, por acción u omisión, aún no se haya informado a los ciudadanos suficientemente y desprovisto de cualquier influencia política del atentado terrorista más importante sucedido en nuestro País?. ¿La solución?... Preguntarle a Jacinto.

Riesgo y esperanza

Riesgo y esperanza

Quién hubiese dicho que dos términos tan poéticos como riesgo y esperanza fuesen de cotidiana utilización en un mundo tan material como el de las finanzas. Los expertos en inversiones son especialistas en asumir riesgos con la esperanza de obtener una rentabilidad a su capital. Difícil es encontrar un financiero que se aparte del binomio riesgo-rentabilidad. Y, por lo que parece, cuanto mayor es el riesgo crece la esperanza de rentabilidad en las inversiones.

 

 

 

Esa premisa que se cumple con rigor en el mundo bursátil, se atenúa cuando se aplica a las inversiones que realizan las compañías de seguros. Ahí ocurre algo muy curioso ya que, si bien combinan los vocablos en igual forma, evalúan sus resultados al revés. Es decir, si obtienen una rentabilidad inferior a la esperanza que tenían por el riesgo asumido, éste no era el adecuado y, por tanto, han fracasado en la inversión realizada. Podríamos pensar que si, el resultado es el contrario, es decir que la rentabilidad obtenida es superior a la esperanza que tenía por el riesgo asumido, celebrarán que la inversión ha sido satisfactoria. Nada más lejos de la realidad. Consideran que es un fracaso porque, en definitiva, hemos asumido más riesgo del necesario sin haberlo previsto. Eso, dicen, es igual de nefasto. La situación óptima para ellos es que la esperanza de rentabilidad de la inversión que realizan tiene que ir en consonancia con el riesgo que se asume.

 

 

 

¿Dónde está el riesgo si a una situación eliminas el factor de que ésta pueda o no realizarse o que acometas una inversión eliminando los influjos de la suerte? Mi conclusión es que no existe riesgo y que, los hombres sabios del mundo del seguro, toman sus teorías de la realidad cotidiana, basadas en premisas, cuando menos, equivocadas. Tenemos la esperanza de obtener rentabilidad, aunque en ocasiones neguemos que ese sea nuestro objetivo, sin ningún riesgo. Aunque creamos y así lo proclamemos a los cuatro vientos, que estamos arriesgando mucho.

Carné de peatón por puntos

Carné de peatón por puntos

El excelentísimo Ayuntamiento de Barcelona, consistorio que sigue gozando de los beneficios del gobierno tripartito, pondrá brevemente en práctica lo que ya se denomina el “carné de peatón por puntos” para paliar los acuciantes problemas de circulación que asolan la convivencia de los ciudadanos y ciudadanas de la ciudad condal. La idea, ampliamente apoyada por todos los regidores del consistorio, excepción hecha claro está, por los pertenecientes al Partido Popular, tiene muchas similitudes al carné de conducir por puntos. Así el peatón parte con un saldo de doce puntos los menores de sesenta y cinco años y de ocho los mayores de esa edad, que se irán restando de su saldo, a medida que vayan cometiendo infracciones de tráfico. La diferencia en saldo de puntos entre menores y mayores de sesenta y cinco años, toma en cuenta los resultados de un concienzudo estudio realizado por actuarios del partido de los socialistas de Catalunya en el que se concluyó sin lugar a dudas que, los menores de sesenta y cinco años tenían mayor esperanza de vida que los mayores de esas edad y que, por tanto, iban a necesitar mayor número de puntos.

  

El carné de peatón por puntos, cuya implantación se prevé será efectiva a partir del primero de enero del año 2007, viene acompañado de una amplia campaña publicitaria para que los ciudadanos y ciudadanas de esta ciudad se familiaricen con el mismo y tengan en cuenta lo caro que les puede salir circular por las vías públicas barcelonesas no respetando unas sencillas normas de convivencia peatonal. La guía, publicada en catalán, inglés, suhajili, en “quépasaneng” y en “opàvamosahaseruncorrà”, contiene algunos de los ejemplos de ese carné tan novedoso. Citaré unos cuantos. Circular por la acera a una velocidad inferior a los 10 quilómetros hora entre las siete y media y las nueve de la mañana, será penalizado con la pérdida de tres puntos porque, a esas horas, hay que ir a “cagando leches” para entrar a trabajar y no perder el tiempo en paseítos turísticos por la ciudad. En el caso de mayores de sesenta y cinco años, la pérdida de puntos se incrementa en un punto más porque, a esa edad, lo que tiene que hacer es estar en el parque o en casa durmiendo ya que se supone que a esa edad se está jubilado y no se tiene porque estar incordiando en las calles. Pararse en el semáforo entorpeciendo el acceso a la acera de una bicicleta, se penaliza con la pérdida de tres puntos, seis si se trata de una moto y de todo el saldo de puntos si se trata de un automóvil. Las penas más graves se establecen, como es lógico, cuando se producen accidentes. Así, si el peatón arrolla en la acera a una bicicleta , la perdida es de cuatro puntos si no la mancha con su sangre y de seis en éste caso. Si el vehículo arrollado por el peatón en la acera es una moto, la pérdida de puntos es de seis y ocho para los casos con y sin sangre, respectivamente. Cuando el peatón atropella a un coche, se incrementa la pérdida de puntos hasta llegar a la retirada del carné de peatón por puntos.

 

 

 

 

La polémica más agria entre los integrantes del tripartito más la federación Convergencia i Unió por un lado y el Partido Popular, por otro, tuvo lugar cuando se discutía la conveniencia de sancionar al peatón que circulase por la acera bajo los efectos de alcohol o las drogas o saliese a la calle sin cinturón. Mientras los primeros defendían la conveniencia de no sancionar al peatón que deambulase borracho o drogado, ya que se sabe que la ingerencia de substancias de ese tipo fomenta la sociabilidad y eso ayudaría a la integración de los ciudadanos y ciudadanas de Catalunya, los segundos se oponían a dejar sin sanción dichas actitudes por el peligro que puede suponer para otros viandantes el que dichos ciudadanos y ciudadanas “echen la papilla” sobre otr@s “ídems” o allí donde se les produzca el contubernio gástrico o intestinal. Finalmente fue aprobada la propuesta con los votos del ilustre tripartito más los de la Federación. Igual suerte corrió la propuesta de estos, de no sancionar a los barceloneses y barcelonesas que circulasen por las aceras sin cinturón rodeando los pantalones o las faldas de aquéllos y éstas. Las razones aducidas era que, la falta de cinturón además de ser un artilugio de connotaciones represoras, producía una graciosa caída de pantalones y/o faldas en los ciudadanos y ciudadanas que dejaban al descubierto las prendas íntimas de estos y estas, es decir, los calzoncillos de los barceloneses y el tanga (ya que hoy día nadie usa las tradicionales bragas) de las barcelonesas. En lo que si estuvieron de acuerdo todos los partidos es en dejar sin sanción, pasear por la acera hablando por el teléfono móvil y eso independientemente de la compañía telefónica a la que pertenezca el ciudadano o ciudadana.

 

Para hacer efectivo el que un peatón o peatona que ha perdido sus doce u ocho puntos, no vuelva a circular por la acera en el tiempo que dura la restricción viaria (seis meses sin carné la primera vez y doce meses sin carné las siguientes) se atarán sus tobillos convenientemente con unos grilletes de manera que estos impidan dar un paso en condiciones hasta que no recuperen de nuevo los puntos. Estos se recobrarán mediante la realización de unos cursos de sensibilización y reeducación, que llevarán a cabo los miembros de la banda terrorista ETA que vayan siendo excarcelados en el proceso de paz que ahora ha iniciado la administración Rodríguez Zapatero, porque en algo deberán tenerlos entretenidos en cuanto se vayan al paro ¿no?.

 

La elaboración del carné de peatón por puntos ha contado con el asesoramiento de profesionales en materia de circulación viaria. Así, entre otros, Farruquito que entre gala y gala prestó su inestimable colaboración al simbólico precio de 102.483 €uros, más otros 8.275 €uros que los invertirá en la compra del “tablao” dónde efectuará sus próximas representaciones.

 

El éxito de la implantación del carné de peatón por puntos ya está asegurado. El alcalde Clos (que no, que no se ha roto nada) en una entrevista concedida a los medios de comunicación del grupo “Risa”, explicó que otras alcaldías de Catalunya ya habían solicitado información al consistorio barcelonés para su implantación en los términos municipales. Rocafiguera, Sant Joan Fumat y Castanyet han sido los primeros.


Grandeza y miseria

Grandeza y miseria Tragedias como la sucedida ayer en el metro de Valencia nos dan una medida de la grandeza y la miseria de la condición humana. La Grandeza, así con mayúsculas, para esos ciudadanos anónimos que estuvieron desde el principio ayudando al rescate de las víctimas muchas veces al límite de sus posibilidades. La miseria, ésta con minúscula como se merece a su rango, una vez más, para los políticos que  desde el primer momento están intentando atribuir la responsabilidad de las muertes a la administración con signo político diferente. Propongo que, cuándo se envíen a los psicólogos para atender a los familiares de los fallecidos, traigan también camisas de fuerza y bozales para los administradores de la cosa pública. A ver si de una vez por todas conseguimos que se estén quietos y callados.

Administrando mentiras

Administrando mentiras

 

La administración Aznar nos involucró en una guerra, esgrimiendo como argumentos la defensa del mundo occidental y de las democracias ya que el País agredido era potencialmente peligroso pues en él se encontraban “armas de destrucción masiva”. Mintió.

 

 

La administración Aznar atribuyó a los terroristas de ETA la responsabilidad de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid cuando todos los hechos apuntaban al terrorismo islámico como el causante de la barbarie. Mintió.

 

La administración Aznar mintió y sus mentiras lo apartaron del poder.

 

 

 

La administración Rodríguez Zapatero se comprometió a respaldar íntegramente el Estatuto que aprobase el Parlamento catalán. El Estatuto que aprobó el Parlamento de Catalunya el 30 de setiembre de 2005 por el 90% de sus miembros, fue modificado en más de 145 artículos por el ferviente apoyo recibido, entre otros, del Partido Socialista Obrero Español. Mintió.

 

La administración Rodríguez Zapatero solicitó permiso al Parlamento español para iniciar un diálogo con los terroristas de ETA, condicionado previamente, al abandono de las armas por parte de la organización terrorista y de la condena de la violencia de sus adláteres ‘políticos’, la ilegalizada Batasuna. Ninguna de esas circunstancias se ha dado, no obstante hace semanas, meses, que se está ‘negociando’ con los terroristas. Mintió.

 

La administración Rodríguez Zapatero ha mentido y sus mentiras le darán más poder.

 

Ambas administraciones han faltado gravemente a la verdad, pero la diferencia entre una y otra está en que el primero nos metió en una guerra y, el segundo, en una confrontación.

Lady Godiva

Lady Godiva

Al llegar la época en que nos debemos confesar ante la hacienda pública, siempre recuerdo a Lady Godiva y no precisamente por los chocolates, estupendos chocolates belgas, sino por la peculiar historia de la dama. La mencionada señora fue la esposa de un tal Leofríc, conde de Chester, con quien se había casado hacia el año 1040. De acuerdo con las crónicas de aquellos tiempos, Godiva rogó a su cónyuge que disminuyera los impuestos que abrumaban a los habitantes de Coventry. El conde accedió, pero con la condición de que Godiva atravesase desnuda las calles de la ciudad, cosa que hizo cubriéndose únicamente con su larga cabellera. Según cuentan, los habitantes, en un acto de solidaridad, se encerraron en sus casas y evitaron mirarla. Sólo la vió un indiscreto, que desde entonces fue llamado Peeping Tom, Tom el fisgón. Por supuesto que Leofric tuvo que cumplir con su palabra de noble y tuvo que abolir los impuestos innecesarios y reducir otros.

 

Y como a la historia hay que hacerla caso porque nos hace sabios, propongo una concentración (no es necesario que sea a caballo) de las queridas, gentiles y generosas damas que pueblan nuestra piel Patria ante el Ministerio de Hacienda luciendo idéntico y, a buen seguro, maravilloso traje que la legendaria Lady Godiva. Ah! Prometo no dejaros solas en el empeño y estar allí para coordinar vuestro esfuerzo y sacrificio por el bienestar social.

Mercadeo judicial

Mercadeo judicial

- Veamos ¿no pueden subir Uds. un poquito más la cantidad? Venga, que entre 1.200 y 1.500 €uros estaría bien.

 

El togado negro se dirigía con estas palabras al abogado de la empresa demandada con cierto aire de fastidio y es que, al juez, le gustaba conciliar aquellas nimiedades de reclamación de cantidad planteadas por los trabajadores, trabajadora en el presente caso, antes de la hora (u hora y media) del desayuno.

 

Con anterioridad a la vista del juicio y cuando aún no habían entrado los contendientes a la sala, el administrador de justicia a través de la oficial del juzgado, había conminado a las partes a que llegasen a un acuerdo. La respuesta de ambos había sido negativa. La trabajadora no se apeaba de los casi 5.000 €uros que presuntamente le adeudaba la empresa y ésta, erre que erre, empeñada en que sólo eran 200 €uros los que podía discutirla a su ya extrabajadora. Además ambas partes tenían más que hablado un asunto que había comenzado hacía más de tres meses en un acto de conciliación, obligatorio y previo, en el que se habían reafirmado en sus posturas. No había posibilidad de acuerdo. Ahora, viendo cerca el día del juicio, lo único que esperaban los abogados después de preparar primorosamente el día de la vista, era que el juez se hiciese cargo de las argumentaciones de ambas partes, de las pruebas y que dictase sentencia dando o quitando razones. Lo que esperaban, en definitiva, es que el magistrado hiciese su trabajo.

 

 

En esas estaban. A las 9’35 horas habían sido citados los contendientes en los juzgados de lo social de Barcelona. Como siempre las partes se habían vuelto a tantear por si alguna de las dos cedía. Nada. Todo igual. “Compañero lo tengo muy claro. Hay mucha jurisprudencia sobre estos temas”, se decían recíprocamente. Cuando a su señoría le pareció bien aparecer por su atalaya en forma de despacho, citó a los letrados para forzarlos al acuerdo. No hubo manera, ambas partes querían que el ilustre togado hiciese su trabajo dictando sentencia.

 

- ¿Y 1.100 €uros? ¿Pagarían Uds. 1.100 €uros?, insistía el juez.

 

- Señoría, mi representada, no cree adeudar más de 200 €uros a la trabajadora… - empezó diciendo el letrado de la demandada…

 

- ¡¡Pues eso, redondeen, hombre de Dios, redondeen hasta 1.000 €uros!! Cortó al ‘alivio’ (*) el ángel negro del Juzgado.

 

- Señoría nuestra reclamación de cantidad asciende a 5.000 €uros y redondearla hasta 1.000 €uros, sería demasiado generoso por nuestra parte- el que hizo esa intervención era, obviamente, el abogado de la trabajadora reclamante.

 

- Nada, nada, seguro que la señora –afirmó el juez dirigiéndose a la pobre trabajadora que acurrucada en el primer banco de la sala de vistas, asistía impávida al “espectáculo”- quiere hablar con Ud. ¿Verdad señora que sí? Venga, hagan el favor de salir a hablar un momentito.

 

Letrado y señora salen de la Sala.

 

- Con todos mis respetos señoría –hablaba ahora el abogado de la empresa- no estoy autorizado a llegar a esa cantidad y, la verdad, no sé cómo podré explicárselo a mi cliente… Ya sabe. No entienden estas cosas de funcionamiento de la justicia.

 

- ¿Y 800 €uros? Venga Sr. Letrado, que estaban Ud. dispuestos a pagar 200 €uros y solo tienen que hacer un pequeño esfuerzo más. Redondee Ud., redondee. Además ya sabe que todas estas cosas “de la justicia” siempre son muy opinables –dijo el juzgador sin ocultar una cínica sonrisa en su boca.

 

“Entendido el mensaje”, pensaba el abogado de la empresa “Tú hoy no quieres trabajar y ya me estás amenazando que si no pago el ‘impuesto revolucionario’ me atenga a las consecuencias. ¡Joder! ¡¿Por qué coño no nos habrás citado para después de la hora (u hora y media) del desayuno?! ¡¡ Es más, ¿por qué cojones no nos has dicho antes que este asunto te fastidiaba y me hubiese ahorrado todo el trabajo de prepararlo? ¡!. En fin. Ya veremos lo que le explico al cliente”

 

- ¿800 €uros, señoría? Bien, en aras a intentar una solución y aunque esta parte esté convencida de su postura, aceptaría abonar los 800 €uros- claudicó el letrado de la demandada.

 

Vuelven a entrar en la Sala como si una pareja de “mossos d’esquadra” se tratasen, el abogado y la compungida señora, “parte actora” que se denomina en el erudito lenguaje judicial.

 

- Letrado –se dirigió el juzgador al representante de la actora- el acuerdo está en 800 €uros. Señora ¿A qué está bien eso de 800 €uros, eh?

 

- Señoríaaaa –dijo arrastrando la última letra, como si quisiera morder la palabra un enrojecido letrado al borde del colapso nervioso- ¡Que ya llevamos rebajados más de 3.000 €uros! ¡Que estamos siendo muy generosos!

 

- Señor letrado –hablaba ahora el togado negro- he estado repasando lo que argumenta en la demanda y, sinceramente, ¿está Ud. convencido de continuar adelante? Piense que tengo aquí jurisprudencia reciente del Tribunal Supremo que se ha pronunciado muy claramente respecto a lo que plantea – dijo el juez mientras aireaba unos papeles encima de su mesa como si en verdad se tratasen de las sentencias a las que había aludido amenazadoramente- De acuerdo, de acuerdo ¿Señora, qué le parecen a Ud. 850 €uros? –se dirigía el juez ahora a la señora.

 

- Bueno, yo creo que, si de redondear se trata, su señoría, que sean 900 €uros –se envalentonó la trabajadora reconvertida ahora en ‘pujante’ de su reclamación.

 

- ¡¡900 €uros y no se hable más ¡! ¡Y ya le explicará Ud. a la empresa las bondades del acuerdo! ¡Y ya está bien que con este asunto ya llevamos por aquí más de una hora! ¡Pasen Uds. a firmar el acta en secretaría, venga ¡ – se despachó el juzgador dando por concluída la sesión.

 

Al cabo de cinco minutos dos letrados, al menos eso decía en sus carnets profesionales raídos por la vestustez de más de veinticinco años de ejercicio, hablaban de lo caro que les había costado el quilo de expediente judicial en el mercado de la justicia. Mientras eso ocurría, un tres de mayo de dos mil seis pasadas las diez cuarenta de la mañana, el jefe de aquél puesto del mercado se dirigía al abrevadero con una sonrisa que delataba su satisfacción por el deber cumplido.

 

(*) Alivio= una de las tantas denominaciones coloquiales de ‘abogado’.

El hombre mejor informado del mundo

El hombre mejor informado del mundo

En el trayecto que va desde mi casa al trabajo de las mañanas, recorro aproximadamente algo más de cuatro quilómetros que hago andando todos los días de año. Por el camino voy recogiendo, o me van dando, hasta cuatro periódicos gratuitos, cinco los lunes con el deportivo. Por orden de aparición son ADN, Qué!, Metro, 20 minutos y Gol. Además, en un quiosco cercano, me compro un diario de los tradicionales de pago. Siempre me hago el firme propósito de, al menos, ojearme los titulares y algún artículo de fondo, entre la hora del bocadillo y de las necesidades mayores, para comentarlo en los corrillos de la oficina pero la verdad es que, salvo las páginas dónde se anuncian los programas de televisión y el tiempo, poco más leo.

 

En casa instalamos la televisión digital terrestre, con lo que recibimos veinticuatro o veinticinco canales de televisión más otros nueve o diez de radio, además de cinco o seis locales que no sé si contar porque estos van con niebla incorporada y su emisión no es nítida. Remata la oferta televisiva familiar el Canal Digital que incorpora sesenta canales de televisión (o así) más la oferta radiofónica acoplada a estos (ni sé el número). Lo cierto es que, cuando llego por la noche a casa, sólo me da tiempo a ver mis series favoritas que, para más “INRI”, los lunes y los martes, me simultanean dos por lo que tengo que grabarlas para visionarlas otros días de vacante televisiva.

 

No hay que olvidar que, en mis ocupaciones laborales, tengo una magnífica (cuando se deja) conexión a “La Red” en la que puedo consultar toda la oferta informativa que quiera, aunque pocas veces la utilizo para eso, sino para leer vuestros diarios, poner algún comentario, escribir un ratito en el mío y fomentar mis relaciones sociales a través de los programas de comunicaciones al uso. Incluso cuando me voy a la cama, escucho algún programa de radio para ver si me entero de lo que pasa en el mundo, pero no suelo pasar del primer corte publicitario.



En resumidas cuentas se podría decir que soy uno de los hombres que mejor podría estar informado en el mundo. Y escribo ‘podría’ porque no es así. No es así porque para saber lo que es de verdad noticia, hay que verse “Aquí hay tomate”, “Salsa Rosa” o “¿Dónde (coño) estás corazón?” por citar algunos de los ochocientos mil programas del corazón que se emiten semanalmente. Y yo, no me los veo. Hay que mirarlos para saber los pormenores del cierre por corrupción del Ayuntamiento de Marbella; del fraude en la Seguridad Social en Jerez de la Frontera dónde habían abierto un supermercado de compra-venta de incapacidades laborales o de la milagrosa recuperación de Rocío Jurado. Así que he tomado la firme determinación de darme de baja de todas esas plataformas digitales, compras de diarios, etcétera y las cambiaré por una suscripción al “¡Hola!”. Me voy a ahorrar un pastón, oiga.

La tejedora

La tejedora

Estaba obsesionada en un hombre que nunca había reparado en ella, a pesar de que siempre disponía para él las mejores telas que confeccionaba en su taller. Para llamar su atención, se hizo el firme propósito de preparar una tela nunca vista con la que quedase prendado… y se puso a ello. Disponía cautelosamente los hilos, uniéndolos con destreza y gravando un único pensamiento en todos ellos “tiene que ser para mí”. Con esa idea preparaba la urdimbre que cada día colocaba cuidadosamente en el telar, pensando que llegaría a formar una pieza de propiedades mágicas. Un tejido con el que podría atrapar su voluntad y hacer con él, el objeto de lo que se había convertido en una pasión enfermiza. Y así fueron pasando semanas, meses, muchos años, en la que la tejedora fue urdiendo la trama que formase su deseada tela. Una vez la hubo acabado la extendió esplendorosa en una larga mesa de su tienda y esperó a que viniese el que debía ser su hombre, el hombre que poseería al doblegar su voluntad. Cuando éste atravesó la puerta de la tienda vió la tela, pero ni tan siquiera hizo ademán de cogerla.

 

"¿No te gusta?" acertó a preguntarle la tejedora con cara de asombro.

"Si. Es muy bella. Sus tejidos son los mejores y los bordados son magníficos. La has trabajado mucho y muy bien, pero no voy a comprártela"

"¿Por qué?"

"Tu tela es tan exclusiva que no la utilizaría por temor a estropearla. No podría exhibirla porque me tendrían envidia al poseer su belleza. Entonces tendría que guardarla en una armario y ahí no me sería útil"

 

 

El esfuerzo, la fabulación que la tejedora había tramado en su telar durante años contra aquél hombre devino inútil. Y es que no hay como emplear adecuadamente las preposiciones para saber de su eficacia.

El presidente de la compañía

El presidente de la compañía

A las seis de la mañana las señoras de la limpieza lo encontraron durmiendo, desnudo y en posición fetal, encima de la mesa de la sala de juntas. Era el presidente del consejo de administración y máximo accionista de la compañía. No se extrañaron de verlo así. De hecho no era la primera vez y sabían como actuar. Debían limpiar la sala procurando no hacer ruido para no despertar al presidente. Tampoco podían mirarlo, ni hablar de ello con nadie. De hecho, ningún empleado les preguntaría a ellas por el paradero del presidente. Ni que decir tiene que no podían tocarlo. Su obligación era hacer el trabajo como si en aquella sala no hubiese nada anormal ni ser humano vivo. Sabían que una cámara vigilaba sus movimientos y que, cualquier contravención de esas simples reglas, les podía costar el despido. No les resultaba agradable trabajar bajo aquella presión ya que, sus movimientos, serían interpretados por quién visionase esas cintas y estarían al albur de sus deseos.

 

Llegó un día en que las señoras de la limpieza encontraron al presidente durmiendo encima de la mesa de la sala de juntas. Estaba en posición fetal y, esta vez, completamente vestido con un traje impecable. Nadie les había advertido qué debían hacer en una situación como esa pero, ante la duda, decidieron obrar como cuando se lo encontraban desnudo en igual posición. Así que limpiaron sin hacer ruido, no lo miraron y, si alguien les preguntó por él, no lo habían visto.

 

Cuando finalizaron su jornada laboral el jefe de recursos humanos de la empresa las llamó a su despacho. Les entregó a ambas la carta de despido. Habían hecho mal su trabajo. El presidente, cuando despertó, había encontrado dos motas de polvo en su impóluto traje que no debían estar ahí. Así que sin lugar a dudas, la culpa había sido de las limpiadoras que no se habían percatado de las mismas. Y es que cumplir con las reglas del que manda, no siempre significa hacer bien las cosas.

Depresiones

Depresiones

La época primaveral es propicia para que el individu@ caiga en la melancolía, florezca la astenia y se instale en el llanto. Hace pocos días coincidían en esos síntomas dos buenas amigas mías. Achacaban su paseo por los arrabales de la depresión a unas relaciones amorosas que no habían acabado bien -lo cierto es que no conozco de relación amorosa que cuándo acaba, acabe bien- y a circunstancias familiares adversas. La terapia que se habían impuesto ambas (que no se conocen) era iniciar una hiperactividad laboral para, decían, “no pensar”. Sin embargo, esa ‘automedicación’ no había funcionado y lo cierto es que se encontraban en una situación límite, “a la que no veían salida”. “La vida es una mierda”, me decían. Cuanto más trabajaban, más ahondaban en “la negra espesura de la depresión”. Y la verdad es que no me extraña.

 

Tú no estás deprimida por tu revés amoroso” le decía a cada una de ellas. “Estás deprimida por el trabajo y, cuanto más trabajes, peor te encontrarás”. La reacción de ambas fue casi idéntica. “Ni hablar el trabajo me ayuda a no pensar en mis problemas, que tengo bien identificados”. Pero yo continué con mi argumentación.





 

El estado natural del hombre, entendiendo como tal la especie humana, no es trabajar. El estado natural del hombre, que se diferencia de los animales en la capacidad de razonar, es utilizar ese raciocinio, no en doblar el espinazo. Cuando el hombre se empeña en ir contra su naturaleza, se convierte en un ser infeliz y tiende a la depresión. El trabajar embrutece. Con el trabajo la especie no avanza. El hombre prehistórico luchaba por su supervivencia cazando animales. Afortunadamente a alguien se le ocurrió manchar la pared de la cueva con la sangre de un animal y ese acto tan simple les produjo satisfacción. El cazador no hizo evolucionar la especie, ese espécimen que se dedicaba a trabajar cazando venados o búfalos, no aportó nada a la evolución. En cambio el pintor o pintora de las cuevas de Altamira, si. Las pirámides se construyeron porque hubo alguien que las ideó, no porque había cientos de peones que acarreaban las piedras. La Humanidad avanza porque hay alguien que piensa, que idea hacia dónde debemos dirigirnos. Los otros somos simples peones que, como aquél cazador, trabajamos para sobrevivir ¿pero qué valor aportamos a la evolución? Ninguno. Por muy alto que sea nuestro escalafón profesional y por mucho que creamos que trabajar nos produce satisfacción. Eso es un cuento que nos queremos creer.



La conclusión es muy sencilla. Si el trabajo es un estado antinatural del hombre (y la mujer), realizarlo causa insatisfacción y una hiperactividad en el que solo pensemos en él, nos llevará a la depresión, como a mis amigas. Para no caer en ella tenemos que volver a nuestro hábitat natural que es el pensamiento, la utilización del raciocinio. Dediquémonos a la contemplación, impulsemos la imaginación y seguro que nuestra creatividad se incrementa. ¿Alguien, por ejemplo, puede dudar de la claridad mental de unjubilado ? Nadie. Mis etapas más creativas y productivas no coincidieron con episodios de trabajo desaforado. Coincidieron con épocas estivales, de relajación laboral. Así estoy yo ahora, que no escribo nada con coherencia.




Fdo.: El director del lugar

Igualdad por decreto-ley

Igualdad por decreto-ley

Si fuese mujer andaría cabreada. Eso de que la Administración Rodríguez Zapatero esté pensando en implantar por Real Decreto, la igualdad de la mujer con el hombre en todos los ámbitos y, especialmente el laboral primando o penalizando a las empresas que guarden una paridad entre hombres y mujeres, es indignante se mire por dónde se mire. Y es irritante especialmente para las mujeres. El hombre y la mujer, la mujer y el hombre, son seres humanos y, como tales, deben gozar de iguales oportunidades y derechos.

 

Partiendo de que esa premisa básica se cumple, a los lugares de mando, a los lugares de dirección, deben llegar los y las mejores o los más capacitados o capacitadas para ocuparlos, no aquellos o aquellas que me imponga la demagogia del político de turno. Se puede argumentar que la premisa básica no se cumple. Pues bien, si no se cumple, solucionemos la raíz del problema, si es que existe, pero no vayamos directamente a imponer el resultado porque, con ello, seguimos ocultando nuestras carencias y deficiencias.

Asociaciones de Víctimas del Terrorismo

Asociaciones de Víctimas del Terrorismo

De nuevo estos días han adquirido protagonismo las Asociaciones de Víctimas del Terrorismo, con motivo de las manifestaciones que han organizado como protesta a la presunta negociación de la Administración Rodríguez Zapatero, con los verdugos de aquéllas. A la manifestación que organizó la Asociación de las víctimas del terrorismo presidida por Francisco José Alcaraz el sábado 25 de febrero, acudió el Partido Popular haciéndose partícipe y protagonista de la marcha, siendo el lema de la misma, curiosamente, “No en mi nombre”.

 


 

A raíz del salvaje atentado perpetrado en Madrid el 11 de marzo de 2004 por el terrorismo islámico, y que supuso el advenimiento al poder de la Administración Rodríguez Zapatero, se creó una Asociación de Víctimas del 11 de marzo que lidera Pilar Manjón. Aquella mujer cuya voz desgarrada conmovió las conciencias del País entero y de sus señorías, cuando intervino en la Comisión que intentó investigar los hechos que acaecieron en los días inmediatamente anteriores y posteriores a aquél brutal atentado. Fruto de aquella conmovedora participación, la Administración Rodríguez Zapatero, hizo suya la causa de esa Asociación de Víctimas del 11 de marzo y la apadrinó nombrando un Comisionado para las Víctimas del Terrorismo, todas, cuya cabeza visible y parece ser que única, ha sido Gregorio Peces Barba quién, por cierto, presentó su dimisión diferida al próximo mes de septiembre.

 

 

No obstante ser el Comisionado para “todas” las Víctimas del Terrorismo, pronto se vió que sus simpatías estaban más al lado de los afectados por el terrorismo del 11 de marzo, que por la otra Asociación. Tal vez a ello contribuyó que ambas Asociaciones estaban y están abiertamente enfrentadas por un ‘quíteme allá un liderazgo’ y por los apadrinamientos de una y otra asociación. A la “principal” la patrocina el PP y a la del “11 de marzo” el PSOE. Ni que decir tiene que en estos dos últimos años, gobierno y oposición, han utilizado a las Asociaciones como armas arrojadizas reprochándose antiguas disputas en un tema tan sensible y sentido como es la política antiterrorista.

 

 

Esta situación de enfrentamiento entre Asociaciones de Víctimas me lleva a reflexionar sobre qué utilidad tienen, como no sea que la de ser utilizadas por el partido político afín a la misma en sus disputas con el contrario. No les veo más utilidad que esa. Esa y el que los dirigentes de las Asociaciones, se dediquen a medrar en el mundillo de los políticos, haciéndoles el ‘caldo gordo’. Porque vamos a ver. La Administración del Estado tiene establecidas, por Ley, una serie de indemnizaciones económicas para las familias que han sufrido en su seno, la barbarie terrorista. Una vez enterrados a sus muertos con el dolor que ello supone, percibida la indemnización correspondiente y encarcelados a los asesinos, me pregunto el sentido que tiene asociarse, si ya no cabe, desgraciadamente, hacer más. ¿Asociarse para recordar a los muertos y ahondar más en el dolor? Lejos estaría yo de querer recordar pública y constantemente, el asesinato a sangre fría de un familiar. ¿Asociarse para conseguir qué propósito, con qué finalidad? Mucho me temo que la respuesta a no saber qué fines persiguen esas asociaciones, les quede el único recurso de ser simple moneda de cambio de los fines partidistas de nuestros políticos.

El carnaval de las palabras

El carnaval de las palabras

Época de carnaval en la que hasta las palabras aprovechan para disfrazarse y parecer otras. Es una mascarada que me produce tristeza, porque muestran la impotencia de quién las escribe al ocultar su verdadero rostro. Si me conoces -porque apreciarme no me aprecias ya que si no me ahorrarías la tristeza- sabrás que prefiero palabras con identidad por muy duro que sea pronunciarlas o escribirlas. En darle la cara a las circunstancias, se encuentra la diferencia entre las personas y la muchedumbre. Y, sin lugar a dudas, prefiero a las personas.

Un trauma de bigotes

Un trauma de bigotes

El Universo ha confluído para que hoy, además de jueves, sea 23 de febrero, veinticinco aniversario del intento de asonada militar del extricornio Antonio Tejero y sus muchachos. Lo cierto es que no se para qué os lo recuerdo si durante toda la semana, los medios de comunicación han ido llenos de noticias sobre la efeméride que hacen imposible que no sepáis hasta el nombre del portero que les abrió la puerta del congreso de los diputados a los rebeldes. Así me supongo que como me pasa a mí, andaréis saturados, de tanto verlos, de los bigotes y la pistola del ínclito cabecilla de los insurrectos. A mí, como os relataré ahora, la contemplación del extecol Tejero y, más concretamente la visión de sus espesos bigotes, me suponen un sufrimiento añadido al recordarme uno de los peores traumas que un hombre pueda padecer.


 

 


 

Nunca se me olvidará la hora en que los guardias civiles entraron en el Congreso aquél 23 de febrero. Las 18 h 23’. No se me puede olvidar porque, en aquél momento me encontraba practicando con mi novia de turno sexo oral. Vamos, que me encontraba en pleno cunilingus, escarbando con mi lengua el generoso vello púbico que adornaba la zona del entremuslo de mi pareja. En tal operación estaba cuando por la televisión que estaba encendida (¡maldita la hora!), retransmitían la sesión de investidura de Calvo-Sotelo, empiezo a oír, ya no los jadeos provenientes del trance amatorio de mi novia, si no el sonido de algo que me pareció a una traca de fuegos artificiales. “¡Caramba!” se me ocurrió pensar todo orgulloso “¡menuda faena le debo estar haciendo a la señora que hasta me la saludan con fuegos artificiales!”. Cuándo me percaté que la cosa no iba de festejar mi arte lingüístico al oír una voz masculina que decía “¡Quieto todo el mundo!”, alcé los ojos hacía la pantalla del televisor sin dejar la delicada tarea que estaba haciendo, que uno es un caballero, ¿y qué fue lo primero que vi?, ¡ los prominentes bigotes de Tejero en la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados! Y entonces fue cuando ocurrió. En ese momento justo desvié mi mirada del bigote de Tejero y me fijé en la semejanza que tenía con el vello púbico de mi partenaire, con su raya en medio y todo. Fue sólo un instante pero que se me clavó en mi inconsciente para toda la vida… No relataré lo que vino luego porque es muy fácil de suponer. Sólo sé que le di a mi novia un ultimátum. O su pubis dejaba de ser el hermano gemelo del bigote de Tejero o lo nuestro se había acabado. No sé si fue por sus evidentes simpatías hacia la derecha política o porque me dijo que si procedía a la operación de depilación tendría picores molestos, eligió que su vello seguiría siendo un homenaje a los bigotes de Tejero.

 

Desde entonces, uno de los requisitos que he exigido a todas mis amantes si querían ser beneficiarias de una confraternización de mi lengua con su entrepierna, es que traten con esmero la zona pilosa de su pubis, bien eliminandola, bien procurando que su diseño no sea el de los bigotes de Tejero...

El "problema" de la mujer

El "problema" de la mujer

El otro día me encontré casualmente con una amiga que hacía algún tiempo había perdido la pista. La razón era su salida del ámbito profesional ya que, durante tres años, había decidido voluntariamente dedicar su tiempo al cuidado de sus hijos. No obstante era aún una mujer joven, 37 años, inteligente y, recuerdo con gran experiencia y oficio ya que desde incluso antes de terminar la carrera, había trabajado en uno de los despachos de abogados más acreditados de Barcelona.


Pues bien, después de los saludos de rigor y de constatar su satisfacción por la maternidad, me comentó que estaba intentando reanudar su actividad profesional y, esta vez, la había enfocado a la Empresa privada. Con ese fin había iniciado el camino (¿calvario?) de la lectura "apasionada" de las ofertas de empleo, envío de curriculums, confección de test de personalidad, entrevistas, y un largo etcétera. Como ya os he dicho, mi amiga tiene un gran curriculum, por lo que las entrevistas se habían sucedido con cierta regularidad. Pero la encontré decepcionada. Decepcionada y triste, no por el hecho de que, a pesar de las entrevistas realizadas y que en alguna de ellas había sido "finalista" y acariciado el "premio" del trabajo, sino por el hecho de su constatación de la diferencia que sigue teniendo la mujer a la hora de su consideración laboral. Decía que, en todas las entrevistas mantenidas, había una pregunta que se repetía siempre. Era, más o menos esta: ¿tiene Ud. solucionado su "problema" familiar? El "problema", claro está, se trata de saber cómo tiene organizado el cuidado de los hijos, de la casa, etc ¿Cuantas veces se ha hecho esa pregunta a un hombre en una entrevista de trabajo? Es más, ¿cuantas veces se le ha preguntado a un hombre si se iba a romper una pierna -con lo que permanecería unos meses de baja- o, qué deportes de riesgo practicaba? La respuesta ya la sabéis.


Entiendo la tristeza y decepción de mi amiga. Añado, además, mi enfado y concluyo con la siguiente reflexión: Cuando una mujer entra en competencia con hombres para un puesto de trabajo y lo consigue, que no quepa la menor duda que era la mejor. Doble o triplemente mejor que todos sus competidores varones.

Vestuario de caballeros (2ª parte)

Vestuario de caballeros (2ª parte)

Para saber más detalles sobre ese hombre casado, hay que fijarse en su ropa interior. El varón domesticado al que me refería en la primera parte, usa gayumbos “giulio” cuando tiene entre 35 y 55 años, aquellos que son de color generalmente blanco y pantaloncito corto, como los que lucía Paul Newman en “La gata sobre el tejado de zinc”. Si se viste sus interioridades con unos boxers “calvin klein” también de pantalón a medio muslo, probablemente nos encontremos ante un casado con amante o amantes. La reafirmación de los atributos masculinos tanto anterior como posteriormente así lo indica.







Puede causar asombro esa afirmación pero el ejemplo se observa más claramente en la mujer. Me comentaba un conocido que descubrió que su mujer tenía un lío, por la ropa interior. Llevaba casado más de quince años y “casi de la noche a la mañana” me decía “pasó de utilizar braga de cuello alto a ponerse tanga y, muchas veces, sin ‘salva slip’. A mi me pareció raro porque, cuando yo le ’suplicaba’ que las utilizase, siempre me había justificado la inutilidad de la prenda en que le resultaba incómodo”. Pues si para un hombre le resulta evidente ese cambio en una mujer, cuanto más en ésta con referencia a su cónyuge. Así que ojo al dato en éste caso, al calzoncillo y a la braga.







Al hombre soltero también se le identifica por su ropa interior y, al igual que sucede con el casado, se subdivide en dos: soltero sin compromiso y soltero con compromiso. El soltero sin compromiso suele llevar calzoncillos ‘oceán’ de colores. Ahí coincide con el hombre mayor de 55 años y viudo con la diferencia que en éste, el color de sus calzoncillos ‘oceán’ es el blanco y, además, lleva camiseta. Sin embargo, el soltero con compromiso se ‘calza’ gayumbos ‘uno’ o ‘unico’ que se ajustan a sus ‘orgullos’ (o sus ‘vergüenzas’ según se mire) realzándolos. Vamos que dicho coloquialmente ‘marcan paquete’.






Ocurre, sin embargo, que puede confundirse al soltero con compromiso con el separado o divorciado, ya que ambos utilizan el mismo tipo de calzoncillos. Para saber si estamos ante uno u otro, hemos de afinar el olfato ya que ahí está la distinción entre ambos. El hombre separado suele perfumarse con olores discretos y penetrantes, tipo Higher de Dior y nunca sale de su casa sin afeitar. En cambio el soltero con compromiso, utiliza desodorante y se afeita cuando sale con “el compromiso”. Es lo mismo que le ocurre al casado domesticado, que suele afeitarse los sábados y, como perfume, se confía a la eficacia del desodorante y de la crema “after shave” sin alcohol.




Así que, mientras frecuente el vestuario del gimnasio donde mi cuerpo está adquiriendo unas formas de vértigo y aquél individuo, que tiene aspecto de tener un diario no me quite los ojos de encima, he decidido que sean mis feromonas las que ejerzan de colonia y, por supuesto, no me pondré ropa interior.